martes, 1 de julio de 2008

Hasta las manos Por Tomás




18hs. Estación Tribunales (Línea D). Viene la primera formación, y los andenes rebalsan de seres deseosos de volver a sus casas, o de ir a sus lugares de estudio. Pero los vagones estaban tan llenos que no se podía subir. Bueno, la dejamos pasar. Sin embargo, la formación seguía varada en la estación, hasta que después de 10 minutos arranca. Viene la siguiente, misma situación, pero algunos con más fuerza que maña logran entrar. Las puertas se cierran, las puertas se abren. Tenemos problemas con las señales así que el viaje va a ser lento: enuncian los altoparlantes. Cinco minutos después, se vuelven a cerrar las puertas, y el tren sale de la estación a un paso digno de caracol lesionado después de una patada futbolera.

Viene la tercer formación: esta tiene que ser. Pero no, no era. La misma situación, tanto o más cargada de gente, y algunas personas detrás mío me empujaron para que me golpee contra la ventana del vagón y así poder mandarse como kamikazes dentro del mismo. Diez minutitos con las puertas abiertas, suena el pitido, se cierran. Arranca. No, abre las puertas de nuevo. Dos minutitos, pitido, se cierran y ahora si arranca.

Si la tercera no fue la vencida, la cuarta lo será pensamos con un amigo que me acompañaba. Esta formación, de color amarillo viene casi igual que las anteriores, pero con la diferencia, que algunas personas no soportaron la falta de aire y el calor, y se bajaron, dejando lugar, a que entremos algunos de los tantos apostados en el andén. Entramos, y suspiramos como diciendo "lo logramos, carajo". Pero claro, nos olvidamos de los 10 minutitos de espera. Esta vez, curiosamente, cuando se cerraron las puertas no volvieron a abrirse. Sin embargo, el maquinista espero alrededor de 2 minutos para arrancar.

Bueno, ya estábamos en viaje. Listo. Llegamos a Callao, intercambio de gente, con golpes y sacudones por todos lados. Calor y calor, y falta de aire. Pero estábamos adentro. Hora de cerrar las puertas. Se escucha por el altoparlante algo así como: muévanse de las puertas o no arranco. La gente que estaba sobre las puertas recurrió a sus mejores malabarismos para poder hacerse el hueco necesario y no ofender al señor maquinista, dueño de la verdad y las puertas.

La misma situación pasó en cada estación del trayecto que me comprendía (Tribunales – Scalabrini Ortiz). Al menos 5 minutos de puertas abiertas, gente intentando salir en las estaciones, gente intentando subir en las estaciones. Caos. Caótico caos.

Finalmente llegamos a destino, a las 18:55hs, en un trayecto que normalmente se hace en no más de 10 minutos. Así que me sumo a todos ustedes afirmando que hoy, viaje como el orto.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

calendaria sos una genia...
no pares que yo le doy publicidad.
es inhumano que nos acostumbremos a que nos traten como ganado.

Y ENCIMA TRENES SUBTES Y COLECTIVOS TODOS SUBSIDIADOS!!!

QUE PAIS!!!

Anónimo dijo...

Esto que contás me pasa todos los días a la ida y/o vuelta del trabajo. Yo me lo tomo en Catedral para bajarme en Olleros y tardo más de lo que supone debe tardar el trayecto entre cabecera y cabecera. Eso de que están 10 minutos parados en cada estación hace que el tren se llene a más no poder con la gente que va llegando a la estación. Hoy a la mañana fue terrible, me subí en Olleros y ya en Scalabrini estaba hasta la manija de lleno. Viajé re incómoda, tratando de agarrarme de algún caño, contracturándome toda. Y sin ventilación de ningún tipo!! Cómo se puede estar encerrado sin aire?? Con tanta gente!!

EMO dijo...

hay que expandir el microcentro, llevarlo hacia el sur de la ciudad y asi descongestionamos la ciudad a pleno

EMO dijo...

"...es inhumano que nos acostumbremos a que nos traten como ganado...."

Para mi es humano, ya que el humano trata de esa manera e incluso peor a un animal diferente como lo es una vaca y en conjunto ganado.
Y muchas vacas juntas son ganado, porque son un conjunto de animales de pasto que son criados para su explotación. Y yo me pregunto que diferencia tiene el ser humano común de una ciudad donde solo privan los derechos de grandes corporaciones (creando las reglas de juego de mercado, incluídas las que hacen en referencia al transporte de los mismos hacia sus trabajos, etc...)por sobre los del individio/sujeto privado.

roman da costa dijo...

Es una lástima que además existan pasajeros que pareciera disfrutasen de entrar a los golpes, empujar, sofocar y molestar a los demás pasajeros, escuchar la frase "y hubieras tomado en un remis" es bastante común y es indignante. Mientras nos comportemos como ganado, van a seguir tratandonos como tal.